La importancia de la autoestima

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AutoestimaDe forma breve, podríamos definir la autoestima como el aprecio o la consideración que uno tiene de sí mismo.

La autoestima tiene dos componentes: un sentimiento de capacidad personal y un sentimiento de valía personal. Mientras que el primero hace referencia a nuestra habilidad para superar los desafíos de la vida, bien sean situaciones negativas, bien sean situaciones de crecimiento personal, el segundo hace referencia a la idea de si somos “merecedores” de ser felices.

El poder de la autoestima

La autoestima tiene un poder decisivo en nuestro paso por la vida ya que el modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta a todos los aspectos de nuestra experiencia, tanto la pasada como la presente y, lo que es peor, sobre las posibilidades de éxito en las experiencias futuras.

Así, mientras que disponer de una alta autoestima nos hace sentir capaces para afrontar la vida, tomar decisiones, aceptar aquellas cosas que no nos han salido bien y seguir adelante con nuevos retos, una autoestima baja provoca un sentimiento de inutilidad para la vida y de indefensión ante los acontecimientos. Por otro lado, y aunque pareciera lo justo, tener una autoestima media tampoco es lo ideal ya que provoca la duda entre sentirse apto e inútil, o lo que es lo mismo, sentirse inseguro. De hecho, la mayoría de los problemas psicológicos –ansiedad, depresión, miedos, bajo rendimiento, dependencia emocional, inseguridad…– pasan por la existencia en la persona de una autoestima deficiente (baja o irregular) ya que condiciona totalmente la percepción que tenemos de los acontecimientos y nuestra capacidad de enfrentarnos a ellos haciéndonos sentir desbordados por las circunstancias al creer que no estamos lo suficientemente a la altura de las circunstancias.

De todo lo anterior es fácil deducir que cuánto más alta sea nuestra autoestima mejor preparados estaremos para superar las adversidades de la vida, más posibilidades de ser creativos en todos los aspectos de nuestra vida y más ambiciosos –y no me refiero al plano económico o profesional, sino al emocional y relacional—tenderemos a ser.

Las claves de la autoestima

No vamos a entrar en detalles sobre los orígenes de la baja autoestima pero sí que cabe decir que es habitual pensar, quizás por la influencia cultural, que la fuente de nuestra autoestima está en el aplauso de los demás, en nuestras posesiones, logros o conquistas, adoptando el juicio de los demás como vara de medir nuestra valía cuando en realidad, es una cuestión de conciencia de uno mismo, de autoconocerse y autoaceptarse, de ver lo que uno es, sin juzgar, sin compararse a los demás, y de actuar por uno mismo sin sentirse condicionados por el juicio de los otros, de pensar de forma independiente y de entender que uno tiene el derecho a autorealizarse.

Esto no significa que los demás no influyan en nosotros, que no debamos aprender de ellos, sino que, a partir de la aceptación de lo que somos, construyamos nuestra propia vida con nuestros propios valores sin intentar imitar lo que los demás consideren un ideal de persona o de vida. Cabe aclarar, por otro lado, que aceptar no significa necesariamente gustar, no significa que no podamos desear cambios o mejoras, sino experimentar que las cosas son como son porque, sólo aceptando que existen, podremos cambiarlas.

Otro factor importante en la construcción de la autoestima es el sentimiento de culpa. Es obvio decir que todos cometemos errores, la diferencia, en cuanto al mantenimiento de la autoestima, radica en la construcción que hacemos de ese error y la conducta que emitimos como consecuencia y así, si entendemos que ‘una mala tarde la tiene cualquiera’ e intentamos aprender de ese error para no cometerlo en el futuro, nuestra autoestima saldrá reforzada ya que habremos sabido interpretar el error como un aprendizaje; sin embargo, si simplemente nos dedicamos a sufrir por el pasado y seguimos con modelos de conducta que hemos comprobado que son inadecuados, caeremos una y otra vez en el mismo error pensando que no somos capaces de superar esa situación, lo cual nos proporcionará la sensación de inutilidad y de indefensión aprendida típica de una baja autoestima.

En todo caso, ante una situación de este tipo vuelven a aparecer los demás y nuevamente cabe preguntarse si ese error, que supuestamente hemos cometido, lo estamos juzgando desde parámetros propios o de los de otro porque, si uno es consciente de sí mismo y en el fondo no ve nada malo en su conducta, a pesar de que otros le digan que es un error, ¿por qué condenarse? Y con esto no estoy sugiriendo que todos los valores sean subjetivos y que la moral es lo que un individuo sienta o piense, sino que, en general, nos solemos dejar intimidar por las preferencias valorativas de los demás, dejando de lado nuestras propias necesidades, percepciones y autoestima.

Las personas que disponen de una alta autoestima se orientan hacia la vida de una manera activa y no pasiva, reconocen su agencia, toman la iniciativa frente a los hechos y asumen su plena responsabilidad en cuanto a sus consecuencias, a la relación de sus deseos y de su propia existencia pero claro, y atendiendo al autoconocimiento y autoaceptación de los que hablábamos antes, sabiendo diferenciar cuándo el acontecimiento sucedido es algo que pueden controlar y cuándo no, porque es evidente que no somos omnipotentes y que hay cosas que escapan a nuestro control, y hacerse responsable de algo que está más allá de nuestras posibilidades lo harán de difícil solución, con lo cual se pondrá en peligro nuestra autoestima.

Otro aspecto muy relevante para la autoestima es vivir de modo auténtico, mostrarse a los demás tal y como se es ya que, cuando fingimos acerca de lo que somos para gustar a los demás, lo único que estamos diciéndonos es que la verdad de cómo somos nos avergüenza. La buena autoestima exige coherencia, lo cual significa que el sí-mismo interior y el sí-mismo que se ofrece al mundo deben concordar. Es cierto que esto puede provocar que no gustemos a todo el mundo, pero eso no es necesario para una persona de alta autoestima.

Por último, debemos aprender a no disculparnos nunca por nuestras virtudes, ni hacernos reproches por ellas, ni tratar de rechazarlas. Debemos tener el coraje de reconocer nuestros puntos fuertes y nuestros aciertos porque si no lo hacemos, inevitablemente traicionaremos a nuestra autoestima.

Conclusión

Por lo tanto, si quieres elevar tu autoestima, abandona la comodidad de lo conocido y atrévete a practicar todas esas conductas: vive conscientemente aceptándote a ti mismo, con responsabilidad, autenticidad, benevolencia e integridad. Es cierto que exige afrontar desafíos pero otorga grandes recompensas…y si no te sale solo, busca la ayuda de un buen psicólogo.

Javier Hinojosa
Psicólogo General Sanitario – Psicoterapeuta
Colegiado en el COPC con el nº 21.144
Terapia individual – De pareja – Familiar y De Grupo
Posibilidad de Terapia online y a domicilio
Consulta en Mataró (Barcelona) – Tel. 630 251 721
Resumen
Título
La importancia de la autoestima
Descripción
De forma breve, podríamos definir la autoestima como el aprecio o la consideración que uno tiene de sí mismo. La autoestima tiene dos componentes: un sentimiento de capacidad personal y un sentimiento de valía personal.
Autor
Psicólogo Mataró
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